Cuando era pequeña, ser diferente suponía

un problema

De pequeña era la empollona de la clase. Y como probablemente sabrás, en el colegio, empollona es sinónimo de soledad.

Si a eso le sumas que nací con una deformación en la mandíbula y tuvieron que operarme para corregirla, ya te puedes imaginar lo mal que lo pasé.

Con 15 años me di cuenta de que lo más importante en la vida era creer en una misma, así que decidí estudiar estética y dermocosmética para ayudar a otras personas a que se sintieran bonitas. Todavía no era consciente de que la belleza no solo se cultiva en las capas más superficiales de la piel. 

Eso que me hacía diferente

Se convirtió en
mi mayor fortaleza

A los 19 di mis primeras clases de estética. Me salía muy natural, y me encantaba fomentar la integración de todas las alumnas para que nadie se sintiese tan desplazada como me había sentido yo en el colegio.

A partir de ahí, empecé a trabajar para profesionales, y poco a poco me fui formando en marketing, coaching y crecimiento personal para liderar mi propio negocio.

Aunque te seré sincera: jamás habría conseguido ser quien soy hoy sin mis mayores mentoras en el mundo de los negocios. Mi bisabuela, Nieves Ordiz, que sacó adelante su negocio sola mientras criaba a sus tres hijos en plena posguerra. Mi abuela, Laudina Ortega, que patentó su propio método de patronaje y a quien le debo toda mi visión emprendedora y actitud frente a la vida. 

Mi madre, Belén Sepúlveda, con su propio salón de peluquería y de quien heredé la diferenciación y el no creer en la competencia. Y mi tía, Juanita Mateo, una de las mujeres más poderosas desde el punto de vista empresarial que he conocido en mi vida, con su propia línea de cosméticos en Cuba y una visión estratégica para los negocios digna de admiración.

Cambio de perspectiva

De cuidar el exterior a
cultivar el interior

De cuidar el exterior a cultivar el interior

Decidí que quería acompañar a otras mujeres a vivir de su sueño y a encontrar eso que las hacía diferentes para hacer crecer su negocio.

Al entrar en el mundo del emprendimiento me di cuenta de que muchas de las emprendedoras con las que me encontraba acababan empequeñeciendo su propio negocio por la falta de confianza que tenían en si mismas.

En lugar de potenciar lo que las hacía diferentes, se mimetizaban con el entorno y hacían lo que veían en los demás. 

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Soy de las que piensan que el CV ha muerto, pero como a veces a mi también me sale la vena cotilla de titulitis, te dejo echarle un ojo a mi perfil en Linkedin.

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